miércoles, 14 de agosto de 2013

La historia de Diana Ángel y su cercanía con el VIH SIDA

A los 15 años se enfrentó con el VIH, desde entonces es una abanderada de campañas de prevención.

Es amiga de la comunidad LGBT y es una líder contra la discriminación y la violencia.
La actriz Diana Ángel no se sonroja ni se pone nerviosa cuando le tocan temas como el sida o la homosexualidad; todo lo contrario, habla clara y contundentemente de dos realidades para ella muy cercanas. "Tuve un tío que murió de VIH a finales de los 80 y su caso fue de los primeros que se veían en Colombia. En plena adolescencia enfrenté lo que significaba tener en casa a una persona de la comunidad LGBT, que tenía sida y que vino a morir con nosotros. Vi que no era fácil para ellos ser portadores de esa enfermedad y mucho menos decirlo; eran discriminados, en las clínicas prácticamente los aislaban y sin embargo en mi familia nada cambió. Nos parecía absurdo que los rechazaran por eso. Con mi abuela apoyábamos a quienes la gente alejaba por ser VIH positivo y por su condición. Vivir esto desde tan pequeña me generó muchas inquietudes sobre cómo debe ser la relación de los seres humanos y cómo debemos aceptamos. La discriminación para mí es uno de los peores flagelos de esta sociedad".

La experiencia y el cuestionamiento llevaron a la actriz a ser la imagen de la campaña llamada "El condón lo cargo yo", y a trabajar de la mano con entidades como Profamilia. "Muchos se escandalizaron porque eso les parecía un libertinaje femenino y tocó comenzar a cambiar esa mentalidad y decirles que el cuidado del cuerpo es de ambos, que el respeto por la mujer es importante, que el uso del condón es un diálogo y no una alternativa que no solo la pueden dar los hombres y que previene del embarazo y del VIH. Me parece que esa es la enfermedad a la que más miedo deberían tenerles los adolescentes y todos los que practican sexo sin protección. Algunos pueden convivir con el VIH, pero es incurable".

Diana Ángel alterna su trabajo como actriz con charlas sobre temas como estos y el maltrato contra las mujeres, la violencia intrafamiliar, la aceptación de la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgeneristas e intersexuales) y la lucha por los derechos humanos. "Es inherente defender las causas justas. Los problemas vienen por la autoestima y la falta de amor propio por la violencia en que vivimos. Sufrimos de indiferencia, creemos que nunca vamos a ser víctimas. Jamás me han agredido físicamente pero sí de forma verbal. Fue cuando estaba en la universidad, tenía un novio muy agresivo y cuando me alzó la voz le dije que no lo soportaba. Su comportamiento era tan recurrente que lo mejor fue alejarme; no lo permito porque mañana nuestros hijos ven comportamientos de estos y van a seguir repitiéndolos, creyendo que eso está bien".

Bajo estos parámetros, Diana educa a su hijo y no se aterra con que el día de mañana él ame a otro hombre. "No voy en contra de la felicidad del ser humano y si mi niño en unos años me dice que es homosexual, lo apoyo. Independientemente de los que suceda, un papá no puede desconocer que la felicidad da tranquilidad. No le pondría ningún tipo de reparo. Lo único que me parecería raro es no ser abuela porque me gustaría. Para mí la felicidad del ser humano no se puede cuestionar".
CRISTINA ESTUPIÑÁN
Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
17 de enero de 2013
Autor
CRISTINA ESTUPIÑÁN

Grecia ficha a los seropositivos

El Gobierno ordena realizar pruebas obligatorias del VIH a prostitutas, toxicómanos, indigentes y sin papeles


Desde hace unos días prostitutas, toxicómanos, personas sin techo e inmigrantes indocumentados están en el punto de mira en Grecia como blancos potenciales de una polémica medida, de esas que rezuman mano dura: la realización de pruebas forzosas del VIH a modo de peculiar política preventiva. El decreto, que ha suscitado acerbas críticas de ONG y grupos de derechos humanos como Human Rights Watch (HRW), cae a plomo sobre un ámbito, el de la salud pública,desbaratado por cinco años de recesión y en el que los recortes en prevención y seguimiento del sida y el aumento descontrolado de la prevalencia del virus se alimentan mutuamente: el número de contagios ha aumentado en un 200% desde 2011 mientras que los centros de tratamiento han visto reducido a la mitad su presupuesto.
Pero la pretensión del Ejecutivo rebasa ampliamente el impacto sanitario. El decreto Nº GY/39A sobre “restricción de la transmisión de enfermedades infectocontagiosas” permite a la policía detener al albur, es decir, arbitrariamente, a cualquier persona para someterla a pruebas de detección o control obligatorias. La norma ya había entrado en vigor en abril de 2012 en vísperas de las elecciones generales y de la mano de un ministro socialista, Andreas Loverdos, en un intento de regenerar el centro deteriorado de Atenas; esos mismos días también se abrió el primer centro de internamiento de extranjeros, en Amygdaleza. El Gobierno saliente, liderado por el tecnócrata Lukás Papadimos y formado –como el actual- por socialistas y conservadores, blandía así la escoba con la mira indisimuladamente puesta en las urnas.
En virtud de ese decreto, se realizaron cientos de pruebas a prostitutas. Diecisiete de ellas, griegas, búlgaras y rusas, resultaron ser seropositivas y sus nombres, detalles biográficos y fotografías se publicaron en la página web de la policía durante horas, con la excusa de representar una emergencia sanitaria. Las portadoras del virus, a las que las autoridades se refirieron como “bombas sanitarias”, acabaron en la cárcel hasta que fueron absueltas del delito de causar intencionadamente daño a terceros; las últimas cinco quedaron libres en marzo. A los clientes, el ministerio sólo les instó a realizarse la prueba.
Desde entonces el acoso policial en las calles no ha cejado, aunque nublado por la macrorredada Xenios Zeus contra la inmigración irregular, pero la polémica se fue apagando hasta que, en abril pasado, la entonces viceministra de Sanidad, de Izquierda Democrática (Dimar, el socio menor del tripartito), revocó el decreto. Por poco tiempo: la crisis de la coalición de Gobierno, con la salida de Dimar, y la llegada al ministerio del elemento más ultra del nuevo bipartito, Adonis Georgiadis, han dado un nuevo aliento a esta versión de caza de brujas para tiempos de crisis. Georgiadis, procedente del partido de extrema derecha nacionalista Laos –que se quedó fuera del Parlamento en 2012, en beneficio de la neonazi Aurora Dorada-, es un confeso antisemita y defensor de la dictadura militar; tertuliano polemista y autor de un libro que refuta la amplia aceptación social que la homosexualidad tuvo en la Grecia clásica. En sus apariciones televisivas, se ha referido en numerosas ocasiones a Atenas como Bangladesh o Talibanlandia.
Además del VIH, el decreto reintroducido por obra y gracia de Georgiadis –su primera medida, al día siguiente de tomar posesión- incluye otras enfermedades “de relevancia sanitaria pública”, es decir, patologías que se creían erradicadas en Europa o que, por sus connotaciones de miseria, provocan alarma, como la tuberculosis, lamalaria –desbocada por la falta de fondos para fumigación-, la polio, la hepatitis o la sífilis. Las víctimas propiciatorias son “drogodependientes por vía intravenosa, trabajadores del sexo, migrantes indocumentados procedentes de países donde esas enfermedades sean endémicas y, gente que viva en condiciones que no reúnan mínimos estándares de higiene, incluidos los homeless”.
La categorización ha desatado la furia de las ONG, que acusan al ministerio de estigmatizar a los grupos más vulnerables de la población. Ítem más, la intervención de la policía reboza el propósito sanitario en política de orden público: esta tendrá potestad “para hacer cumplir el aislamiento del sujeto, la cuarentena” e incluso el tratamiento que se le prescriba, según reza el decreto.
HRW considera la realización de pruebas forzosas “una violación de la integridad y la autonomía corporal; un claro atentado a los derechos humanos”. Pero algunos van más allá. “No sólo es un atentado contra los derechos humanos, lo peor es que no hay ningún dato médico que demuestre la eficacia de prácticas semejantes”, explica por teléfono Zoe Mavrudi, autora del documental Ruinas: crónica de la caza de brujas del VIH, sobre las detenciones de prostitutas de 2012. “El aumento de los casos de VIH no se puede atajar con medidas represivas ni policiales, esto no va a beneficiar a nadie. Los datos de Keelpno [Centro Griego para la Prevención y Control de Infecciones, que depende del Ministerio de Sanidad] muestran que tras las primeras detenciones no se redujo el número de casos y sí al contrario, y muy negativamente, la confianza en los trabajadores sanitarios de los potenciales afectados. El decreto de Georgiadis, además, amplía las categorías de sospechosos y los criminaliza: decir que los inmigrantes son peligrosos por motivos de salud es algo que no aparece en ningún documento de ninguna organización [médica] internacional”, concluye Mavrudi, para quien la motivación es claramente política y “demuestra la derechización a marchas forzadas del Gobierno”.
El reglamento se cuida mucho de incluir entre los sospechosos al colectivo homosexual, recién desbancado en Grecia entre los tradicionales grupos de riesgo por los usuarios de drogas por vía intravenosa, que ya constituyen la mitad de los nuevos casos, según datos de octubre de Keelpno. Es la primera vez que el uso de jeringuillas compartidas supera a las prácticas homosexuales sin protección como vía de contagio, lo que no obsta para que grupos de activistas gais hayan puesto también el grito en el cielo. “La salud pública no se protege castigando a los seropositivos, sino con programas integrales de prevención, educación sexual en las escuelas y campañas públicas de información. Todo eso cuesta dinero, y no lo hay, pero sí hay prioridades, y la salud pública debería ser una de ellas”, explican fuentes de HOMOphonia. Este diario intentó recabar la versión del Ministerio de Sanidad sin éxito.

Para que no me olvides

"De la fregona a la pancarta”. Así resumen su historia. Al principio eran unas pobres mujeres, ignorantes, incultas, abocadas a la monotonía del trabajo doméstico, guisar, lavar, planchar, limpiar y sacar a sus hijos adelante. Pero no las dejaron. Ni siquiera lograron arrebatarlos de las garras de la muerte.
No sabían lo que estaba pasando. No lo entendían. Sus hijos eran buenos chicos, más o menos revoltosos, esta buena estudiante, ese regular, aquel muy rebelde, pero ninguno malo. Hasta que un día les cambió el carácter. Se volvieron extraños, huraños, violentos, empezaron a adelgazar, a desesperarse, a quitarles dinero… Se habían enganchado a la heroína, una palabra que para ellas evocaba apenas a Agustina de Aragón disparando un cañón en una vieja película en blanco y negro.
Ellas no sabían casi nada y no podían comprender lo poco que sabían. Por qué, en Entrevías, a principios de los ochenta, el hachís desapareció de las calles como por ensalmo. No, chocolate no hay, pero tengo una cosa mucho mejor, mira, toma, prueba esto, te lo regalo, póntelo y ya me dices… Así, los chicos y chicas que fumaban porros los fines de semana se convirtieron en yonquis de la noche a la mañana. Así, el barrio más radical, más luchador de Madrid, la zona de Vallecas donde la policía de Franco ni siquiera se atrevía a entrar durante los últimos años de la dictadura, se convirtió en un infierno para sus vecinos, un oasis de la paz más cruel para un Estado al que el caballo le hizo gratis el trabajo sucio. El sida remató la faena de neutralizar la combatividad de una generación de jóvenes que murieron antes de llegar a la madurez. Aquello fue un genocidio, dicen sus madres. Es difícil llevarles la contraria, porque ahora sí saben de lo que hablan. Muchas perdieron un hijo, muchas dos, algunas tres, cuatro, y una hasta seis, todos los que tenía, en aquella batalla.
Porque esto es la guerra, explican ellas, que llevan más de treinta años luchando con garras y dientes en un combate desigual, injusto como ninguno. Sus hijos las movieron, las siguen moviendo. Por ellos, por ellas, empezaron a estudiar, a investigar, a organizarse. Desde entonces, no han parado. Después de enterrarlos, ya no tienen nada que perder.
Difundieron el  conocimiento que habían pagado con la sangre de sus hijos, pero no pasó nada
Las Madres Unidas contra la Droga de Entrevías convocaron una infinidad de manifestaciones en las que recorrían las calles de su barrio deteniéndose en los portales de los camellos. Aquí, aquí, aquí se vende droga, gritaban, pero no pasó nada. Hicieron una lista con todos los puntos de venta de droga de Vallecas y la entregaron en el Congreso de los Diputados, pero no pasó nada. Hicieron encierros, acampadas, huelgas de hambre, comunicados, conciertos, jornadas de lucha, y difundieron, redifundieron y volvieron a difundir el conocimiento que habían pagado con la sangre de sus hijos, pero no pasó nada. O sí. Pasó que la policía, esa misma que nunca hizo nada, las clasificó entre los grupos violentos, radicales, peligrosos. Nos llamaban jarrais, cuentan ahora con una sonrisa, a nosotras, ya ves… Pasó que nadie les ha pedido todavía perdón. Y sigue pasando que nadie se ha muerto de vergüenza.
No ha sido fácil. Para ellas, nada ha sido fácil nunca, pero ninguna dificultad llegará a ser jamás tan grande como ellas. Han aprendido mucho, y pocas cosas son tan emocionantes como el relato de su aprendizaje. “Aquí no se viene a que a una le resuelvan el problema de su hijo, sino a luchar por todos… Y comprendimos que los camellos no eran el enemigo, que ellos también eran víctimas… Y un camello mató a un chaval de un navajazo y su madre no le denunció, porque comprendió a tiempo que no era más que un desgraciado, como su hijo… Y cuando íbamos a la cárcel a verlos, nos desnudaban de arriba abajo y seguíamos pitando, por los puentes de la boca, por el DIU, por las prótesis, y no nos dejaban pasar… Y nos concentrábamos los sábados en Sol, a las cuatro de la tarde, por si alguna quería ir luego al cine, y un año nos encontramos con los del Orgullo Gay, y por apoyarles nos morreamos nosotras también, y no veas cómo nos aplaudían… Y quedamos a cenar y siempre decimos, a ver, la primera media hora para llorar, y luego, ya, a divertirse…”.
Guapas, magníficas, generosas, valientes, sabias, compasivas, jovencísimas siempre, las Madres son de lo mejor que existe en esta ciudad, en este país. Para comprobarlo, basta con leer el libro en el que repasan más de treinta años de lucha y de esperanza. Se titula Para que no me olvides, como una vieja canción de amor. De eso se trata.

La actriz sudafricana visita al presidente Zuma como mensajera de la ONU y ofrece ayuda para combatir el sida

Charlize Theron vuelve a casa en misión de paz


Con un conjunto negro de estampado blanco y pelo corto, Charlize Theron ha llegado a la sede oficial del Gobierno de Sudáfrica para encontrarse con el presidente, Jacob Zuma, en un desayuno formal y protocolario. La actriz sudafricana visita este lunes su país como mensajera de la paz de Naciones Unidas respondiendo a una invitación de Zuma del pasado mes de enero cuando ambos coincidieron en el fórum económico que se organiza anualmente en la ciudad suiza de Davos. Aunque Theron dejó su tierra para iniciar una carrera cinematrográfica que le ha llevado a ser una estrella en Hollywood, Sudáfrica siempre ha mimado a esta mujer que el próximo 7 de agosto cumplirá 38 años y en los últimos tiempos se ha involucrado especialmente en la lucha contra el sida. Decenas de periodistas han acudido al desayuno en busca de la fotografía de a actriz y del presidente. La visita con Zuma ha tenido que ver más con esta faceta activista que con el glamour de la alfombra roja a la que la actriz está acostumbrada. Al presidente, sin embargo, no se le ha borrado la sonrisa de la cara con la que ha recibido a la estrella, ahora con pasaporte estadounidense.
La ganadora de un Oscar ha ofrecido a Zuma la plataforma de su organización, Charlize Theron Africa Outreach Project para ayudar al Ejecutivo sudafricano en la lucha contra el VIH y el sida especialmente entre las mujeres. Sudáfrica, junto a otros países de su entorno geográfico, es el país con mayor número de infectados del mundo, a pesar de que, según la ONU, en los últimos dos años se han reducido en un 12% los nuevos casos. El presidente ha agradecido a la actriz, de cultura afrikáner y nacida en la pequeña localidad de Benoni, sus esfuerzos en este campo y ha aceptado trabajar conjuntamente. En este encuentro, Theron ha asegurado que “hoy el mundo tiene el conocimiento y las herramientas para dar paso a una generación libre de sida, y salvar las vidas de las personas que viven con el VIH, pero es el liderazgo sostenido y fuerte como la suya que harán realidad este objetivo”.
La última vez que Theron visitó su país fue el pasado mes de noviembre, aprovechando el verano austral se acercó hasta la meridional Ciudad del Cabo. En aquella ocasión, la actriz estuvo acompañada de su hijo Jackson, al que adoptó en marzo de 2012, y su madre Gerda. Los medios locales resaltaron su cortísimo corte de cabello que lucía más oscuro de lo habitual, por lo que dedujeron que su rubio característico no es más que fruto de los tintes artificiales. A Theron no se le conoce pareja desde que en enero de 2010 se separara del también actor Stuart Townsend, tras nueve años de relación.