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lunes, 26 de noviembre de 2012
Atender la violencia contra las mujeres es luchar contra el VIH/SIDA
En la Conferencia Internacional sobre SIDA celebrada en Washington D.C. entre el 22 y el 27 de julio de 2012, el Fondo Fiduciario de la ONU para poner fin a la violencia contra las mujeres, administrado por ONU Mujeres en nombre del sistema de la ONU, puso el acento sobre la estrecha relación entre el VIH y la violencia basada en el género.
Meryem Aslan presenta el documento de orientación política sobre “Enfoques eficaces para atender la relación entre la violencia contra las mujeres y el VIH/SIDA”.
Este fue el tema central de un panel copatrocinado por ONU Mujeres y la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la Violencia de género y el VIH/SIDA: haciendo un balance de las pruebas y estableciendo la agenda de implementación. La Directora del Fondo Fiduciario de la ONU para poner fin a la violencia contra las mujeres, Meryem Aslan, presentó un documento de orientación política sobre “Enfoques eficaces para atender la relación entre la violencia contra las mujeres y el VIH/SIDA”. El documento incluye una serie de recomendaciones clave para emprender medidas, basándose en los resultados de los programas que han contado con el apoyo del Fondo Fiduciario de la ONU en el mundo. “Invertir en intervenciones a largo plazo, luchar contra la estigmatización, la discriminación y las normas que causan daño a las mujeres y las niñas es invertir en un futuro de cero violencia y cero VIH/SIDA”, dijo la Sra. Aslan durante la presentación del informe.
Todos los programas confirman la necesidad de hacer cambios significativos en las sociedades y en las instituciones sociales de todo el mundo para poner fin a la violencia contra las mujeres y a la resultante propagación del VIH. Estos cambios deben centrarse en el empoderamiento de las mujeres y de las niñas, en el cambio de las normas sociales y en la erradicación de la aceptación tácita y explícita de la violencia contra las mujeres. El hacer responsables a los autores de actos de violencia contra las mujeres es también vital para encontrar una solución al problema. El documento muestra algunos enfoques que fomentan cambios de actitud y de comportamiento, al tiempo que destaca las experiencias y el impacto de los proyectos y las políticas, así como de las vivencias y aspiraciones de las sobrevivientes de la violencia, de las seropositivas y de los trabajadores de la salud. “Yo quiero tan sólo una vida normal como la de los demás”, dijo una de las participantes del programa. “No importa si soy seropositiva o seronegativa”.
El documento de orientación política destaca el hecho de que las mujeres sobrevivientes de violencia y las seropositivas son las expertas de sus propias vivencias y que su participación en todos los aspectos de la sensibilización, el desarrollo de capacidades, la implementación, el monitoreo y la evaluación tiene que ser incrementada. “Las mujeres sobrevivientes de violencia y las seropositivas pueden no querer ser identificadas únicamente por su estatus de seropositivas o sus experiencias con la violencia”, dijo la Sra. Aslan. “Las políticas y los programas deben apoyarse en sus vivencias y empoderarlas para que puedan hablar por sí mismas, promoviendo su dignidad, su autoestima y su confianza.”

Violencia de género y VIH/ SIDA
En sus inicios, la epidemia afectaba mayormente a hombres; los datos actuales reflejan que del total de personas con VIH y sida en el mundo, el 50 por ciento son mujeres (ONUSIDA, 2008). Es importante indicar que muchas de las mujeres que han adquirido el VIH o que se encuentran en riesgo de adquirirlo, no consideran que practiquen conductas de alto riesgo, pues se encuentran frecuentemente casadas o en una relación monógama. Ante esos cambios en la epidemiología, se ha puesto atención al significativo y acelerado incremento del número de mujeres que viven con VIH, fenómeno que se ha denominado “feminización de la pandemia del VIH”. Dicho fenómeno exige dirigir la mirada hacia factores estructurales de desigualdad de género que hacen a las mujeres más susceptibles de una transmisión del VIH.
En 1993, la violencia de género fue definida por la ONU como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción, o la privación arbitraria de la libertad tanto si se produce en la vida pública o privada”. Ello llevó a que la Organización Mundial de la Salud reconociera que “incluye prácticas tradicionales que atentan contra la mujer, la violencia ejercida por personas distintas al marido, la explotación; violencia física, sexual y psicológica en la comunidad, incluidas violaciones, abusos sexuales, hostigamiento, intimidación en el trabajo, la escuela u otros sitios, tráfico de mujeres, la prostitución forzada; y la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el estado, donde quiera que ocurra”.
En este tenor, se han resaltado tres mecanismos en los cuales la violencia de género, en sus múltiples formas, incrementaría la vulnerabilidad a la transmisión del VIH en las mujeres. El primero de ellos es el sexo coercitivo con una pareja infectada, el segundo la violencia como limitante de la habilidad de la mujer para negociar comportamientos preventivos como el uso del condón; y finalmente el abuso sexual o físico durante la niñez, que ha sido asociado a comportamientos sexuales de alto riesgo durante la adolescencia y la edad adulta. Se ha afirmado también que la amenaza de violencia “impide que las mujeres accedan a la información sobre el VIH, se sometan a la prueba del VIH, revelen su estado serológico respecto al VIH, accedan a los servicios de prevención de la transmisión del VIH a los lactantes, y reciban tratamiento y asesoramiento, incluso cuando saben que se han “infectado” (ONUSIDA). La violencia se presenta no sólo como causa del sida, sino también como consecuencia: cuando se revela que se está viviendo con el virus, las mujeres pueden ser atacadas o excluidas a causa del estigma relacionado con la pandemia.
La violencia institucional constituye uno de los factores de vulnerabilidad de las mujeres ante la pandemia. El imperante orden de género permea las construcciones socioculturales, así como instituciones y arreglos sociales. En ese sentido, la gran mayoría de los programas de prevención de sida para mujeres implementados por las instituciones públicas en México, participan de dicha dinámica, pues se han limitado a la intervención en grupos que son consideradas como “vectores”: trabajadoras sexuales y mujeres embarazadas, reforzando de esta manera los estereotipos de las mujeres. La violencia institucional no es sólo privar de lo que se tiene, sino también de la posibilidad de desarrollar capacidades. Entonces, se puede afirmar que las campañas de prevención de sida que refuerzan estereotipos de género y la inacción del Estado frente la vulnerabilidad de las mujeres ante el sida, constituyen formas de violencia institucional de género al negar posibilidades de acción de las mujeres ante una posible transmisión del VIH. Por ejemplo, algunos expertos en sida, por caso, frente a las dificultades de las mujeres para “negociar” la utilización del condón, recomendaron que se cambiara todo el enfoque hacia la promoción y el entrenamiento en el uso de los condones por parte del varón en lugar de explorar estrategias par fortalecer la capacidad de las mujeres para protegerse. Con esto se niega toda posibilidad de acción en la prevención de la transmisión de la pandemia por parte de las mujeres.
La violencia de género aumenta el riesgo del VIH/SIDA para la mujer en los países del África subsahariana
Aproximadamente el 68% de las personas infectadas por el VIH en todo el mundo viven en países del África subsahariana, donde el virus afecta a las mujeres en cantidades desproporcionadas. La violencia de género se ha identificado como una importante causa de las infecciones por VIH/SIDA entre las mujeres de la región, y cada vez con mayor frecuencia las organizaciones internacionales se centran en la eliminación de la violencia contra la mujer como un factor clave en la batalla contra la diseminación de la epidemia.1 Las estrategias de prevención deben abordar la desigualdad de poder entre el hombre y la mujer, y las normas y costumbres que sitúan a la mujer en una situación de mayor riesgo frente a la exposición al VIH.
En la última década, la mujer se ha convertido en la cara del VIH/SIDA en los países del África subsahariana ya que el 61% de la población que vive con el virus en esta región es femenino. Los índices más elevados de personas infectadas por el VIH/SIDA entre mujeres de 15-49 años de edad corresponden al sur de África, en particular en Botswana, Lesoto, Suazilandia y Sudáfrica. La Figura 1 muestra las diferencias en los índices de prevalencia del VIH entre hombres y mujeres en estos países, con la mujer demostrando sistemáticamente mayor proporción que el hombre. La brecha de género es aún más importante entre los grupo más jóvenes: En Sudáfrica, la prevalencia de VIH entre mujeres jóvenes de 20 a 24 años de edad es aproximadamente tres veces mayor (21% frente a 7%) que entre los hombres de la misma edad. En Lesoto, aproximadamente el 8% de las jóvenes de entre 15 y 19 años de edad están infectadas por el VIH en tanto el índice de prevalencia es del 3% en los hombres del mismo grupo etario.2 Estas cifras indican que existen ciertos factores que provocan el aumento de la exposición de la mujer al virus.
La violencia aumenta la exposición de la mujer al VIH/SIDA
Según la ONUSIDA (UNAIDS), las mujeres que han experimentado situaciones de violencia tienen hasta tres veces más posibilidades de contagiarse el VIH que las que no.3 Las estadísticas recopiladas por Naciones Unidas demuestran que las mujeres jóvenes en África tienen más probabilidades de sufrir violencia física o sexual que las mujeres de más edad, por lo general de parte de una pareja íntima. Si bien la exposición de la mujer a la violencia varía de una región a otra, las estadísticas muestran sistemáticamente un incremento entre las edades de 20 a 30, y después empieza un descenso. La prevalencia del VIH también tiende a alcanzar un pico alrededor de la edad de 25 años de la mujer. Por otro lado, el pico de la prevalencia del VIH entre los hombres se presenta de cinco a diez años después y en niveles generales más bajos.
Factores sociales y culturales que dificultan el cambio
La aceptación por parte de la comunidad de normas de conducta masculina y del uso del poder del hombre sobre la mujer promueve la inequidad de género, que puede llevar a la violencia. Varias formas de dominación masculina, apoyadas por la gran mayoría de los hombres, también tienen amplia aceptación entre las mujeres. Por ejemplo, el estudio sobre VIH y violencia sexual realizado en Sudáfrica determinó que, entre las personas de 15 y 19 años de edad, el 28% de los hombres y el 27% de las mujeres consideraban que una joven no tiene derecho a rechazar las relaciones sexuales con su novio. Y el 55% de los hombres y el 54% de las mujeres pensaban que "la violencia sexual no incluye las relaciones sexuales forzadas con alguien conocido."8 Además, el 15% de las mujeres de 15 a 19 años de edad y el 12% de los hombres del estudio informaron haber sido forzados a tener relaciones sexuales durante el año anterior a la encuesta.
Además, la inequidad en la relación de poder se ve distorsionada aún más por la gran diferencia de edades en las relaciones. Es frecuente entre las mujeres que viven en países de África del Sur casarse a temprana edad o tener parejas íntimas de mayor edad y con más experiencia sexual. Los hombres de mayor edad tienen más probabilidades de haber estado expuestos al VIH/SIDA y tienen más probabilidades de contagiar a la pareja femenina más joven, especialmente si la mujer siente que no puede negociar el mantener relaciones sexuales seguras debido a la diferencia de poder en la relación. Un estudio realizado en Zambia determinó que sólo el 11% de las mujeres casadas consideraba que tenía derecho de pedirle al marido que usara condón aún cuando supiera que el hombre estaba contagiado por el VIH. Menos del 25% consideraba que tenía derecho a negarse a tener sexo con él.9 En Lesoto, aproximadamente el 37% de las mujeres casadas consideraba que el hombre tenía derecho a golpear a la esposa si ésta discutía con él. El 23% consideraba que los golpes se justificaban si la esposa se negaba a tener relaciones sexuales con el marido.1
Es necesario un cambio a largo plazo
Abordar el tema de la violencia contra las mujeres y niñas en la lucha contra el VIH/SIDA es particularmente difícil ya que la mayoría de las estrategias de intervención se centran en las formas más tradicionales de contener la epidemia, tales como el uso de condones, las drogas antirretrovirales y el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual.11 Sin embargo, los programas de prevención a largo plazo necesitan atender los problemas sociales de fondo además de cambiar las políticas públicas. El programa de capacitación Stepping Stones se ha descrito como ejemplo de un paquete de "habilidades para la vida" altamente exitoso que aborda los problemas relacionados con el género, el VIH, la comunicación y las relaciones en una comunidad.12 Ofrece un modelo de "cambio duradero y mensurable en conductas y actitudes relacionadas con el género."13 El programa convoca a hombres y mujeres a debatir y analizar la forma en que determinados factores de su propia comunidad los vuelve vulnerables al VIH. En grupos, a menudo organizados por género y edades, conversan sobre los problemas que enfrentan y desarrollan estrategias para superarlos. Después, los grupos se reúnen y presentan los cambios que desearían ver concretados. El potencial para el cambio a largo plazo reside en el diálogo entre las diferentes generaciones, que puede poner al descubierto y plantear un desafío para determinadas normas sociales negativa
LA VIOLENCIA DE GÉNERO Y EL VIH/SIDA
Las interacciones entre el VIH/SIDA y violencia de género son numerosas y tienen consecuencias graves para la salud y el desarrollo humano, particularmente de las mujeres adultas, adolescentes y niñas. Diversas investigaciones han mostrado una relación positiva entre las experiencias de violencia sexual y doméstica y la infección por VIH/SIDA. Asimismo, algunos estudios relevan un incremento de la violencia en la vida de las
personas VIH positivas, particularmente las mujeres, asociado a su condición de infectadas. Las
vulnerabilidades que se relacionan con la infección por VIH/SIDA y los episodios de violencia en la vida de
las mujeres están vinculadas con la falta de empoderamiento de las mujeres. El factor clave para lograr el Objetivo de Desarrollo de Milenio # 6 sobre la reducción de la propagación del VIH/SIDA, es la promoción de la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer (ODM #3).
La epidemia del SIDA está creciendo a nivel mundial. En 2004, 38.000.000 personas vivían con el VIH.
Con una pre valencia promedio del VIH del 2%, la segunda región más afectada en el mundo es el Caribe. A finales de 2004, se estimó que unas 440.000 personas en el Caribe y 1.700.000 personas en América Latina vivían con el VIH. Tres países en el Caribe tienen niveles nacionales de prevalecía del VIH con un mínimo de 3%: Bahamas, Haití y Trinidad y Tobago.
Entre las mujeres trabajadoras sexuales, la prevalencia del VIH varía desde menos del 1% en Nicaragua, 2% en Panamá hasta 5% en Guatemala y más del 10% en Honduras
La epidemia de VIH/SIDA tiene cara femenina
La proporción global de mujeres VIH-positivas ha aumentado progresivamente y este proceso es más visible en países en donde el virus se propaga mayoritaria mente por vía sexual, como es la situación en el Caribe y América central.En 1997 mujeres constituían el 41% de las personas VIH positivas, en 2002 esa cifra había llegado casi al 50%.A fines de 1999, mujeres constituían 25% y 30% de los adultos seropositivos al VIH en América Latina y el Caribe, respectivamente. Actualmente, esos porcentajes han aumentado a 30% y 50%. En el Caribe, aproximadamente 3.000 niños nacen al año de madres seropositivas. Al medida que crece el número de mujeres infectadas por VIH, también aumenta el número de niños infectados por VIH
VIH/SIDA y la violencia de género
La infección por VIH/SIDA puede estar asociada con la violencia de género de manera directa a través de violencia sexual, y de manera indirecta, debido a la incapacidad de las mujeres para negociar el uso de condones o las condiciones bajo las cuales las relaciones sexuales ocurren, entre otras. La violencia sexual constituye un importante factor de riesgo frente a la infección por VIH/SIDA: Más del 36% de las niñas y el 29% de los niños han sufrido abuso sexual infantil en la región. (OPS/OMS, 2003). Hasta una tercera parte de las adolescentes en la región ha sufrido una iniciación sexual forzada. (OPS/OMS, 2002). En algunos países casi una de cada cuatro mujeres señala haber sido víctima de violencia por parte de su pareja. (OPS/OMS, 2002), 90% de niñas Peruanas entre 12-16 años que dieron a luz fueron embarazadas por violación, frecuentemente por incesto (UNFPA, SWP 1997)
El tráfico de mujeres y niñas con fines de explotación sexual es factor de la propagación del VIH/SIDA. La explotación sexual de adolescentes, niñas y mujeres adultas es una de las formas más extendidas de violencia de género debido a las altas tasas de sexo forzado en mujeres. Las mujeres tienen las posibilidades reducidas de negociar el sexo protegido y el uso del condón.
lunes, 19 de noviembre de 2012
19 Noviembre Día Mundial para la Prevención del Abuso contra los Niños
Para darle a este Día toda su dimensión, la WWSF ha lanzado en el año 2001 unacoalición internacional de ONG reuniéndose alrededor del Día con el fin de privilegiar y aumentar la educación preventiva.
Art. 19 - Los Estados Partes adoptarán todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo.
Art. 34 - Los Estados Partes se comprometen a proteger al niño contra todas las formas de explotación y abuso sexuales. Con este fin, los Estados Partes tomarán, en particular, todas las medidas de carácter nacional, bilateral y multilateral que sean necesarias para impedir:
(a) La incitación o la coacción para que un niño se dedique a cualquier actividad sexual ilegal;
(b) La explotación del niño en la prostitución u otras prácticas sexuales ilegales;
(c) La explotación del niño en espectáculos o materiales pornográficos.
¿Porqué un Día Mundial para la Prevención del Abuso contra los Niños? Cada año, más de un millón de niños son conducidos de fuerza al mercado sexual. Casi cada día escuchamos hablar de nuevos casos de abusos y de maltrato infantil, en los cuales empleados respetados o de instituciones internacionales se han visto implicados. El aumento de medidas preventivas, la mejora de las técnicas de protección, la sensibilización de la opinión pública y el estímulo de la denunciación, nos aparecen claramente, como la manera más inteligente y eficiente de abordar el problema.
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