miércoles, 14 de agosto de 2013

Venezuela garantiza tratamiento gratuito a pacientes con VIH/Sida: “Son enfermedades muy costosas”

La ministra para la salud, Isabel Iturria, resaltó este viernes que Venezuela es uno de los pocos países en el mundo que garantiza atención y el tratamiento gratuito a pacientes con VIH / Sida.
“No son muchos los países del mundo que lo hacen, son enfermedades que para su manejo son muy costosos y requieren múltiples medicamentos”, explicó durante una entrevista en el programa Contragolpe, que transmite Venezolana de Televisión.
Indicó que muchos de los medicamentos relacionados a este padecimiento están amparados por patentes que “generan costos extraordinarios para determinados productos, porque es registrado como un objeto de lujo y no para la atención de las personas”.
Por ello, indicó que las distintas organizaciones de salud del mundo deben esforzarse por interrumpir esa “perversión” de la transnacionales que generan productos patentados, solo fabricados en determinados sitios y vendidos a precios inalcanzables.

Un sistema de salud óptimo

Durante la entrevista, la ministra reiteró que han sido contabilizadas más de 7.600 intervenciones entre cirugías, hemodinamia y electrofisiología en el Hospital Cardiológico Infantil Latinoamericano “Gilberto Rodríguez Ochoa”, inaugurado en 2006.
Resaltó que el Cardiológico es de los ocho hospitales con mayor volumen de cirugías cardiovasculares pediátricas del mundo hechas además de manera totalmente gratuita, con total acceso desde todo el territorio nacional.
Indicó, además, que la mayor parte de los hospitales públicos del país reúnen las mejores condiciones desde el punto de vista de infraestructura de salud, el cumplimiento de normas de seguridad y calidad de servicios para atender cualquier emergencia de los pacientes.

http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/166431/venezuela-garantiza-tratamiento-gratuito-a-pacientes-con-vihsida son-enfermedades-muy-costosas/

Documental rescata lucha de homosexuales enfermos de sida

'Oasis' cuenta la historia de indígenas, trabajadores sexuales y travestis portadores del virus.


Tres historias. Tres vidas. Gerardo Chan, Deborah y Reyna Patricia se enfrentan a una lucha diaria en contra del estigma que produce el hecho de ser homosexual en México. Pelean porque se respeten sus raíces indígenas y lo que es más duro aún, por ganarle la batalla al sida. El documental “Oasis”, filmado en aldeas de Yucatán, demuestra que en medio del desierto de la desesperación siempre existe el agua.
Gerardo Chan, de 44 años, cuenta, tumbado en una hamaca de una casa colonial de Mérida, Yucatán, que un día su pareja le dijo que lo quería. Después, ese amor, su amor, murió de cirrosis. “Me caí. Me empecé a despedir esperando la muerte. Mi papá sufrió un doble ‘shock’, primero por lo del VIH y segundo por ser homosexual. Yo sufrí la discriminación de mi familia”.
Otro día, después de un aguacero, Gerardo le dijo a Alejandro Cárdenas, periodista y director del documental ‘Oasis’, que “la lluvia lavó el cielo”. Entonces, cuenta Cárdenas, “me sentí limpio y supe que no sería difícil filmar un documental con gente así, con ese tamaño de corazón”.
De acuerdo con las últimas cifras oficiales, en México se registraron en el 2012 más de 150.000 casos de sida. Los portadores del virus son, en su mayoría, hombres y mujeres con edades comprendidas entre los 15 y los 49 años.
Detrás de ese número se esconden personas que han sido invisibilizadas en todos los niveles de la sociedad. Alejandro Cárdenas, periodista de 37 años del estado norteño de Coahuila, conoció a Gerardo y “vio” su historia y la de otros compañeros que vivían en el centro Oasis de San Juan de Dios. Decidió narrarlas acompañándolas de la mirada lúcida de Meeri Koutaniemi, fotoperiodista finlandesa de 25 años. El resultado es el documental ‘Oasis’, un proyecto audiovisual que le da voz desde el corazón a quien no la tiene.
Una casa para todos
Alejandro Cárdenas explica que Oasis de San Juan de Dios es un albergue ubicado en el pueblo de Conkal, estado de Yucatán, a una hora de viaje de la capital, Mérida. Allí se ofrece cobijo y esperanza a quienes, por el hecho de ser seropositivos, han sido relegados de todas partes: del seno de sus familias, de las instituciones de salud y pareciera, por desgracia, que de la sociedad misma.
“Oasis funciona, como decimos en el documental, como una puerta hacia una vida más digna o como una última morada que brinda refugio sin restricción alguna”, añade Cárdenas.
Gerardo Chan es originario de Sitpach, un pequeño municipio de Mérida con 1.502 habitantes e inmerso, como muchos otros, en un ambiente machista e intolerante hacia la homosexualidad. De hecho, Chan cuenta que estuvo viviendo en un chiquero como castigo paterno por su elección sexual.
Le diagnosticaron que padecía sida en 1999. “Para mí sida era igual a muerte”, dice mientras se maquilla para la sesión de fotografías. Hace doce años, su novio, seropositivo, falleció de cirrosis. Gerardo empezó a morir como mueren las personas ahogadas en su soledad. “Si conseguí vivir fue gracias a Oasis”, afirma sonriente.
Chan estuvo 8 años en el centro y, desde entonces, su forma de ayudar a quienes, como él, han sufrido o sufren la discriminación de una sociedad prejuiciosa e ignorante, es mediante el activismo. “Viajo por el país, doy conferencias. Ayudo a la gente compartiendo mi historia, dando mi testimonio…”.
Tantas vidas sin pasado…
Cárdenas comparte momentos muy duros que le tocó presenciar, como la muerte de seis personas en condiciones realmente precarias. Algo más que alarmante teniendo en cuenta el desarrollo actual de la medicina.
“Al final del día, seis resulta ser un número exiguo: Carlos Méndez Benavides, director del albergue, me contó que a lo largo de diez años han muerto en sus brazos poco más de 300 personas. Un número inimaginable. Tantas vidas sin pasado, tantas historias sin recuerdos”, lamenta el periodista.
Destaca, además, que el documental filmado en pueblos de Yucatán trata de poner sobre la mesa las pequeñas grandes historias… “Esas del sufrimiento y el esfuerzo diario”.
En este sentido, el documental ‘Oasis’ se enfoca en tres historias de vida: la de Gerardo Chan, quien a pesar de haber sido relegado y expulsado del seno familiar, se rehizo y hoy trabaja como jardinero y ha perdonado a su familia. Esa es la parte de Gerardo que más le interesaba a Cárdenas contar en el filme: el derecho que tiene cualquier seropositivo a amar y ser amado, a trabajar y a llevar una vida como todo el mundo.
Una tarea muy difícil para quienes, como Deborah, otro personaje del filme que vende sus amores peregrinos al mejor postor a cambio de una sonrisa y 200 pesos, no solo tienen que luchar contra el estigma del sida, sino que además deben enfrentar la intolerancia por su orientación sexual y la exclusión social por sus raíces indígenas.
Otro personaje central en el documental es Reyna Patricia, quien, por las mañanas, siempre le contaba a Alejandro lo que había soñado la noche anterior. “En ella quise explorar esa ‘doble vida’ que va, entre la prostitución y un trabajo común y corriente, como lo es la cocina. Más allá de la actividad laboral, en Reyna Patricia uno puede oler un corazón con falta de amor, un día a día con falta de oportunidades y un deseo de componer el camino”, confiesa el director del proyecto.
Deborah, en cambio, ve la prostitución como única puerta de salida: lleva ejerciendo tal profesión desde los 14 años de edad y, como ella misma asegura: no sabe hacer otra cosa. Y aunque quisiera: "los travestis en Yucatán están condenados a realizar solo tres tipos de trabajo: o se es estilista, imitadora en cabaret de poca monta o prostituta. No hay más", dice Deborah, quien muestra en el documental la ausencia total de un trabajo digno consecuencia de los prejuicios.
Sin embargo, también nos enseña una historia ya vista muchas veces, pero no por ello menos fuerte: el pasado familiar y la violencia que orilla en los caminos de vida tortuosos.
El documental de las voces
“Mis tres personajes están ligados al albergue Oasis en el sentido de que los tres viven o vivieron allí”, afirma Cárdenas. Un lugar con las puertas de la tolerancia abiertas de par en par. Un remanso de paz, según atestigua Gerardo Chan: “Llegué al albergue con la autoestima por los suelos. Decidí empezar de cero. Solo una de mis hermanas me apoya. Luego estuve con otra pareja. Volví a casa. Encontré trabajo y decido comenzar a contar mi historia. Me independizo. Le debo mi vida a Oasis”.
A la pregunta de ¿cómo podría contribuir el proyecto a la lucha contra el sida y, sobre todo, contra la estigmatización de la sociedad por ser homosexual, primero, y ser portador del virus, en segundo lugar?, su director afirma que “la gran apuesta del documental es mostrar el día a día, la lucha diaria de un seropositivo como una forma de gritar: “¡Aquí estamos y tenemos derecho a amar y a ser amados; a trabajar dignamente y a gozar de la vida!”.
La vida en los pueblos yucatecos (el documental está filmado en Sitpach, hogar de Gerardo; Motul, hábitat de Deborah y Conkal, donde se encuentra Oasis y a donde Reyna regresa cada cierto tiempo), puede llegar a ser difícil.
“En México decimos “pueblo chico, infierno grande” y ser portador y ‘maricón’ como se les llama comúnmente, es un problema mayor. Pero lo inaudito es que la situación no cambia mucho en las grandes ciudades. Entonces, si el documental, aunque no sea un medio de proyección masiva, ayuda para que algunas voces alcen un 'ya basta', entonces, ese día, sentiré que nuestro trabajo de años llegó a buen puerto”, dice Cárdenas.
Falta educación
“Tiene razón Gerardo cuando dice que falta educación: en casa, en la escuela, en las calles. La educación como medio y fin que nos haga más tolerantes hacia el que piensa diferente; al que decidió ejercer su sexualidad acorde a sus preferencias sin importar el qué dirán; solidario con quien porta el virus y abierto hacia un mejor mañana en el que todos tengamos un espacio. Ni más grande ni más chico, solo un espacio y un país que sea de todos y no solo de unos cuantos", añade el periodista.
“Tengo derechos. Hay mucha ignorancia. Falta educación sexual en escuelas, en las calles… Me considero feliz. Siempre hay gente que me hace sentir importante. No me complico la vida. Soy cuidadoso en mis relaciones. Uso condón. La gente me acepta en mi pueblo. Me trasvisto. Me gusta. Mi nombre artístico es Mariela. No es una enfermedad. Comparto todos los cosméticos con mi hermana. Me gusta que me traten como mujer. Me gusta la vida galante”, enumera sonriente mientras delinea con un lápiz negro unos ojos repletos de vida y de elegancia.
Brillan con luz propia y uno no tiene que darles visibilidad, sino solo respetar su espacio y con paciencia y cariño seguir sus vidas. Son Gerardo, Deborah, Reyna Patricia y muchos más, porque el documental ‘Oasis’ lo único que busca es que sus palabras entren por los oídos y por los ojos, se estanquen en el corazón y germinen como ideas para hacer ‘algo’. Si Reyna, Gerardo y Deborah abrieron sus vidas para este documental fue con una simple pero profunda condición: que algo cambie. Que sus historias ya no se repitan en los mañanas por venir.
EFE REPORTAJES
Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
15 de enero de 2013
Autor
EFE REPORTAJES

La historia de Diana Ángel y su cercanía con el VIH SIDA

A los 15 años se enfrentó con el VIH, desde entonces es una abanderada de campañas de prevención.

Es amiga de la comunidad LGBT y es una líder contra la discriminación y la violencia.
La actriz Diana Ángel no se sonroja ni se pone nerviosa cuando le tocan temas como el sida o la homosexualidad; todo lo contrario, habla clara y contundentemente de dos realidades para ella muy cercanas. "Tuve un tío que murió de VIH a finales de los 80 y su caso fue de los primeros que se veían en Colombia. En plena adolescencia enfrenté lo que significaba tener en casa a una persona de la comunidad LGBT, que tenía sida y que vino a morir con nosotros. Vi que no era fácil para ellos ser portadores de esa enfermedad y mucho menos decirlo; eran discriminados, en las clínicas prácticamente los aislaban y sin embargo en mi familia nada cambió. Nos parecía absurdo que los rechazaran por eso. Con mi abuela apoyábamos a quienes la gente alejaba por ser VIH positivo y por su condición. Vivir esto desde tan pequeña me generó muchas inquietudes sobre cómo debe ser la relación de los seres humanos y cómo debemos aceptamos. La discriminación para mí es uno de los peores flagelos de esta sociedad".

La experiencia y el cuestionamiento llevaron a la actriz a ser la imagen de la campaña llamada "El condón lo cargo yo", y a trabajar de la mano con entidades como Profamilia. "Muchos se escandalizaron porque eso les parecía un libertinaje femenino y tocó comenzar a cambiar esa mentalidad y decirles que el cuidado del cuerpo es de ambos, que el respeto por la mujer es importante, que el uso del condón es un diálogo y no una alternativa que no solo la pueden dar los hombres y que previene del embarazo y del VIH. Me parece que esa es la enfermedad a la que más miedo deberían tenerles los adolescentes y todos los que practican sexo sin protección. Algunos pueden convivir con el VIH, pero es incurable".

Diana Ángel alterna su trabajo como actriz con charlas sobre temas como estos y el maltrato contra las mujeres, la violencia intrafamiliar, la aceptación de la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgeneristas e intersexuales) y la lucha por los derechos humanos. "Es inherente defender las causas justas. Los problemas vienen por la autoestima y la falta de amor propio por la violencia en que vivimos. Sufrimos de indiferencia, creemos que nunca vamos a ser víctimas. Jamás me han agredido físicamente pero sí de forma verbal. Fue cuando estaba en la universidad, tenía un novio muy agresivo y cuando me alzó la voz le dije que no lo soportaba. Su comportamiento era tan recurrente que lo mejor fue alejarme; no lo permito porque mañana nuestros hijos ven comportamientos de estos y van a seguir repitiéndolos, creyendo que eso está bien".

Bajo estos parámetros, Diana educa a su hijo y no se aterra con que el día de mañana él ame a otro hombre. "No voy en contra de la felicidad del ser humano y si mi niño en unos años me dice que es homosexual, lo apoyo. Independientemente de los que suceda, un papá no puede desconocer que la felicidad da tranquilidad. No le pondría ningún tipo de reparo. Lo único que me parecería raro es no ser abuela porque me gustaría. Para mí la felicidad del ser humano no se puede cuestionar".
CRISTINA ESTUPIÑÁN
Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
17 de enero de 2013
Autor
CRISTINA ESTUPIÑÁN

Grecia ficha a los seropositivos

El Gobierno ordena realizar pruebas obligatorias del VIH a prostitutas, toxicómanos, indigentes y sin papeles


Desde hace unos días prostitutas, toxicómanos, personas sin techo e inmigrantes indocumentados están en el punto de mira en Grecia como blancos potenciales de una polémica medida, de esas que rezuman mano dura: la realización de pruebas forzosas del VIH a modo de peculiar política preventiva. El decreto, que ha suscitado acerbas críticas de ONG y grupos de derechos humanos como Human Rights Watch (HRW), cae a plomo sobre un ámbito, el de la salud pública,desbaratado por cinco años de recesión y en el que los recortes en prevención y seguimiento del sida y el aumento descontrolado de la prevalencia del virus se alimentan mutuamente: el número de contagios ha aumentado en un 200% desde 2011 mientras que los centros de tratamiento han visto reducido a la mitad su presupuesto.
Pero la pretensión del Ejecutivo rebasa ampliamente el impacto sanitario. El decreto Nº GY/39A sobre “restricción de la transmisión de enfermedades infectocontagiosas” permite a la policía detener al albur, es decir, arbitrariamente, a cualquier persona para someterla a pruebas de detección o control obligatorias. La norma ya había entrado en vigor en abril de 2012 en vísperas de las elecciones generales y de la mano de un ministro socialista, Andreas Loverdos, en un intento de regenerar el centro deteriorado de Atenas; esos mismos días también se abrió el primer centro de internamiento de extranjeros, en Amygdaleza. El Gobierno saliente, liderado por el tecnócrata Lukás Papadimos y formado –como el actual- por socialistas y conservadores, blandía así la escoba con la mira indisimuladamente puesta en las urnas.
En virtud de ese decreto, se realizaron cientos de pruebas a prostitutas. Diecisiete de ellas, griegas, búlgaras y rusas, resultaron ser seropositivas y sus nombres, detalles biográficos y fotografías se publicaron en la página web de la policía durante horas, con la excusa de representar una emergencia sanitaria. Las portadoras del virus, a las que las autoridades se refirieron como “bombas sanitarias”, acabaron en la cárcel hasta que fueron absueltas del delito de causar intencionadamente daño a terceros; las últimas cinco quedaron libres en marzo. A los clientes, el ministerio sólo les instó a realizarse la prueba.
Desde entonces el acoso policial en las calles no ha cejado, aunque nublado por la macrorredada Xenios Zeus contra la inmigración irregular, pero la polémica se fue apagando hasta que, en abril pasado, la entonces viceministra de Sanidad, de Izquierda Democrática (Dimar, el socio menor del tripartito), revocó el decreto. Por poco tiempo: la crisis de la coalición de Gobierno, con la salida de Dimar, y la llegada al ministerio del elemento más ultra del nuevo bipartito, Adonis Georgiadis, han dado un nuevo aliento a esta versión de caza de brujas para tiempos de crisis. Georgiadis, procedente del partido de extrema derecha nacionalista Laos –que se quedó fuera del Parlamento en 2012, en beneficio de la neonazi Aurora Dorada-, es un confeso antisemita y defensor de la dictadura militar; tertuliano polemista y autor de un libro que refuta la amplia aceptación social que la homosexualidad tuvo en la Grecia clásica. En sus apariciones televisivas, se ha referido en numerosas ocasiones a Atenas como Bangladesh o Talibanlandia.
Además del VIH, el decreto reintroducido por obra y gracia de Georgiadis –su primera medida, al día siguiente de tomar posesión- incluye otras enfermedades “de relevancia sanitaria pública”, es decir, patologías que se creían erradicadas en Europa o que, por sus connotaciones de miseria, provocan alarma, como la tuberculosis, lamalaria –desbocada por la falta de fondos para fumigación-, la polio, la hepatitis o la sífilis. Las víctimas propiciatorias son “drogodependientes por vía intravenosa, trabajadores del sexo, migrantes indocumentados procedentes de países donde esas enfermedades sean endémicas y, gente que viva en condiciones que no reúnan mínimos estándares de higiene, incluidos los homeless”.
La categorización ha desatado la furia de las ONG, que acusan al ministerio de estigmatizar a los grupos más vulnerables de la población. Ítem más, la intervención de la policía reboza el propósito sanitario en política de orden público: esta tendrá potestad “para hacer cumplir el aislamiento del sujeto, la cuarentena” e incluso el tratamiento que se le prescriba, según reza el decreto.
HRW considera la realización de pruebas forzosas “una violación de la integridad y la autonomía corporal; un claro atentado a los derechos humanos”. Pero algunos van más allá. “No sólo es un atentado contra los derechos humanos, lo peor es que no hay ningún dato médico que demuestre la eficacia de prácticas semejantes”, explica por teléfono Zoe Mavrudi, autora del documental Ruinas: crónica de la caza de brujas del VIH, sobre las detenciones de prostitutas de 2012. “El aumento de los casos de VIH no se puede atajar con medidas represivas ni policiales, esto no va a beneficiar a nadie. Los datos de Keelpno [Centro Griego para la Prevención y Control de Infecciones, que depende del Ministerio de Sanidad] muestran que tras las primeras detenciones no se redujo el número de casos y sí al contrario, y muy negativamente, la confianza en los trabajadores sanitarios de los potenciales afectados. El decreto de Georgiadis, además, amplía las categorías de sospechosos y los criminaliza: decir que los inmigrantes son peligrosos por motivos de salud es algo que no aparece en ningún documento de ninguna organización [médica] internacional”, concluye Mavrudi, para quien la motivación es claramente política y “demuestra la derechización a marchas forzadas del Gobierno”.
El reglamento se cuida mucho de incluir entre los sospechosos al colectivo homosexual, recién desbancado en Grecia entre los tradicionales grupos de riesgo por los usuarios de drogas por vía intravenosa, que ya constituyen la mitad de los nuevos casos, según datos de octubre de Keelpno. Es la primera vez que el uso de jeringuillas compartidas supera a las prácticas homosexuales sin protección como vía de contagio, lo que no obsta para que grupos de activistas gais hayan puesto también el grito en el cielo. “La salud pública no se protege castigando a los seropositivos, sino con programas integrales de prevención, educación sexual en las escuelas y campañas públicas de información. Todo eso cuesta dinero, y no lo hay, pero sí hay prioridades, y la salud pública debería ser una de ellas”, explican fuentes de HOMOphonia. Este diario intentó recabar la versión del Ministerio de Sanidad sin éxito.

Para que no me olvides

"De la fregona a la pancarta”. Así resumen su historia. Al principio eran unas pobres mujeres, ignorantes, incultas, abocadas a la monotonía del trabajo doméstico, guisar, lavar, planchar, limpiar y sacar a sus hijos adelante. Pero no las dejaron. Ni siquiera lograron arrebatarlos de las garras de la muerte.
No sabían lo que estaba pasando. No lo entendían. Sus hijos eran buenos chicos, más o menos revoltosos, esta buena estudiante, ese regular, aquel muy rebelde, pero ninguno malo. Hasta que un día les cambió el carácter. Se volvieron extraños, huraños, violentos, empezaron a adelgazar, a desesperarse, a quitarles dinero… Se habían enganchado a la heroína, una palabra que para ellas evocaba apenas a Agustina de Aragón disparando un cañón en una vieja película en blanco y negro.
Ellas no sabían casi nada y no podían comprender lo poco que sabían. Por qué, en Entrevías, a principios de los ochenta, el hachís desapareció de las calles como por ensalmo. No, chocolate no hay, pero tengo una cosa mucho mejor, mira, toma, prueba esto, te lo regalo, póntelo y ya me dices… Así, los chicos y chicas que fumaban porros los fines de semana se convirtieron en yonquis de la noche a la mañana. Así, el barrio más radical, más luchador de Madrid, la zona de Vallecas donde la policía de Franco ni siquiera se atrevía a entrar durante los últimos años de la dictadura, se convirtió en un infierno para sus vecinos, un oasis de la paz más cruel para un Estado al que el caballo le hizo gratis el trabajo sucio. El sida remató la faena de neutralizar la combatividad de una generación de jóvenes que murieron antes de llegar a la madurez. Aquello fue un genocidio, dicen sus madres. Es difícil llevarles la contraria, porque ahora sí saben de lo que hablan. Muchas perdieron un hijo, muchas dos, algunas tres, cuatro, y una hasta seis, todos los que tenía, en aquella batalla.
Porque esto es la guerra, explican ellas, que llevan más de treinta años luchando con garras y dientes en un combate desigual, injusto como ninguno. Sus hijos las movieron, las siguen moviendo. Por ellos, por ellas, empezaron a estudiar, a investigar, a organizarse. Desde entonces, no han parado. Después de enterrarlos, ya no tienen nada que perder.
Difundieron el  conocimiento que habían pagado con la sangre de sus hijos, pero no pasó nada
Las Madres Unidas contra la Droga de Entrevías convocaron una infinidad de manifestaciones en las que recorrían las calles de su barrio deteniéndose en los portales de los camellos. Aquí, aquí, aquí se vende droga, gritaban, pero no pasó nada. Hicieron una lista con todos los puntos de venta de droga de Vallecas y la entregaron en el Congreso de los Diputados, pero no pasó nada. Hicieron encierros, acampadas, huelgas de hambre, comunicados, conciertos, jornadas de lucha, y difundieron, redifundieron y volvieron a difundir el conocimiento que habían pagado con la sangre de sus hijos, pero no pasó nada. O sí. Pasó que la policía, esa misma que nunca hizo nada, las clasificó entre los grupos violentos, radicales, peligrosos. Nos llamaban jarrais, cuentan ahora con una sonrisa, a nosotras, ya ves… Pasó que nadie les ha pedido todavía perdón. Y sigue pasando que nadie se ha muerto de vergüenza.
No ha sido fácil. Para ellas, nada ha sido fácil nunca, pero ninguna dificultad llegará a ser jamás tan grande como ellas. Han aprendido mucho, y pocas cosas son tan emocionantes como el relato de su aprendizaje. “Aquí no se viene a que a una le resuelvan el problema de su hijo, sino a luchar por todos… Y comprendimos que los camellos no eran el enemigo, que ellos también eran víctimas… Y un camello mató a un chaval de un navajazo y su madre no le denunció, porque comprendió a tiempo que no era más que un desgraciado, como su hijo… Y cuando íbamos a la cárcel a verlos, nos desnudaban de arriba abajo y seguíamos pitando, por los puentes de la boca, por el DIU, por las prótesis, y no nos dejaban pasar… Y nos concentrábamos los sábados en Sol, a las cuatro de la tarde, por si alguna quería ir luego al cine, y un año nos encontramos con los del Orgullo Gay, y por apoyarles nos morreamos nosotras también, y no veas cómo nos aplaudían… Y quedamos a cenar y siempre decimos, a ver, la primera media hora para llorar, y luego, ya, a divertirse…”.
Guapas, magníficas, generosas, valientes, sabias, compasivas, jovencísimas siempre, las Madres son de lo mejor que existe en esta ciudad, en este país. Para comprobarlo, basta con leer el libro en el que repasan más de treinta años de lucha y de esperanza. Se titula Para que no me olvides, como una vieja canción de amor. De eso se trata.

La actriz sudafricana visita al presidente Zuma como mensajera de la ONU y ofrece ayuda para combatir el sida

Charlize Theron vuelve a casa en misión de paz


Con un conjunto negro de estampado blanco y pelo corto, Charlize Theron ha llegado a la sede oficial del Gobierno de Sudáfrica para encontrarse con el presidente, Jacob Zuma, en un desayuno formal y protocolario. La actriz sudafricana visita este lunes su país como mensajera de la paz de Naciones Unidas respondiendo a una invitación de Zuma del pasado mes de enero cuando ambos coincidieron en el fórum económico que se organiza anualmente en la ciudad suiza de Davos. Aunque Theron dejó su tierra para iniciar una carrera cinematrográfica que le ha llevado a ser una estrella en Hollywood, Sudáfrica siempre ha mimado a esta mujer que el próximo 7 de agosto cumplirá 38 años y en los últimos tiempos se ha involucrado especialmente en la lucha contra el sida. Decenas de periodistas han acudido al desayuno en busca de la fotografía de a actriz y del presidente. La visita con Zuma ha tenido que ver más con esta faceta activista que con el glamour de la alfombra roja a la que la actriz está acostumbrada. Al presidente, sin embargo, no se le ha borrado la sonrisa de la cara con la que ha recibido a la estrella, ahora con pasaporte estadounidense.
La ganadora de un Oscar ha ofrecido a Zuma la plataforma de su organización, Charlize Theron Africa Outreach Project para ayudar al Ejecutivo sudafricano en la lucha contra el VIH y el sida especialmente entre las mujeres. Sudáfrica, junto a otros países de su entorno geográfico, es el país con mayor número de infectados del mundo, a pesar de que, según la ONU, en los últimos dos años se han reducido en un 12% los nuevos casos. El presidente ha agradecido a la actriz, de cultura afrikáner y nacida en la pequeña localidad de Benoni, sus esfuerzos en este campo y ha aceptado trabajar conjuntamente. En este encuentro, Theron ha asegurado que “hoy el mundo tiene el conocimiento y las herramientas para dar paso a una generación libre de sida, y salvar las vidas de las personas que viven con el VIH, pero es el liderazgo sostenido y fuerte como la suya que harán realidad este objetivo”.
La última vez que Theron visitó su país fue el pasado mes de noviembre, aprovechando el verano austral se acercó hasta la meridional Ciudad del Cabo. En aquella ocasión, la actriz estuvo acompañada de su hijo Jackson, al que adoptó en marzo de 2012, y su madre Gerda. Los medios locales resaltaron su cortísimo corte de cabello que lucía más oscuro de lo habitual, por lo que dedujeron que su rubio característico no es más que fruto de los tintes artificiales. A Theron no se le conoce pareja desde que en enero de 2010 se separara del también actor Stuart Townsend, tras nueve años de relación.